El avance tecnológico en las telecomunicaciones y la informática en estos últimos años viene transformando diversos aspectos de nuestra vida cotidiana así como también las relaciones institucionales, el arte, la política, la economía y, en definitiva, casi todos los aspectos de la vida social, no sólo en nuestro país sino en la mayor parte del planeta, sobre todo en las ciudades más densamente pobladas.
Un gran amigo solía decirme: "Ir contra la evolución de las cosas es ir contra uno mismo" entendiendo que cuando intentas arremeter contra lo inevitable de un proceso que te supera incluso en fuerzas, te pones en riesgo a nivel psicológico y físico, a la vez que afectas tal vez a tu entorno cotidiano arrastrando a otros a un sufrimiento sin dudas innecesario. Es preferible buscar la oportunidad de adaptarte a los cambios de manera creciente y sin caer en contradicciones.
La semana pasada un nuevo conflicto surgió en la Ciudad de Buenos Aires al comenzar a funcionar UBER, la aplicación para celulares que permite conectar automóviles particulares con pasajeros de manera paralela a los taxis y remises, y que ya ha demostrado una alta aceptación en centenares de ciudades en todo el mundo. Por supuesto que esto generó la reacción del gremio de taxistas quienes ven seriamente perjudicados sus intereses por este nuevo sistema de viajes en la zona metropolitana, reacción que no se ha visto ante las injusticias cometidas contra los peones de taxis y el abuso de los propietarios y las agencias en otras oportunidades.
Los taxistas afirman que UBER es una competencia desleal porque ellos deben pagar impuestos y cumplir con regulaciones y leyes, por lo tanto lo que deberían exigir no es la prohibición de la aplicación sino la regulación de la misma a nivel impositivo y de normas de seguridad, o por el contrario, la eliminación de dichas regulaciones para todos los sectores del rubro. Claramente sería más razonable la primera opción.
Respecto a la acusación de que en UBER cobran lo que quieren, queda totalmente desmentida al ver que el programa permite ver previamente cuánto costará un viaje y corroborar cuál es la opción de camino más breve para llegar a un determinado destino.
Algunos argumentan que el trabajo de los choferes quedará precarizado. No más que cualquier ciudadano de a pie de nuestros días, seguramente en nuestras relaciones cotidianas, en nuestra familia o amigos, conocemos muchos casos de trabajo precarizado. Claro que no se trata de nivelar para abajo, pero sabemos que cualquiera de los choferes podrá blanquear su situación laboral como monotributista al igual que millones de argentinos, obteniendo obra social y depósito jubilatorio.
UBER llegó para quedarse y convendría que los que se oponen se pongan a trabajar por lograr equidad en el trato y sugerir mejoras antes que perderse en luchas sinsentido en contra de la evolución y a favor de prohibiciones inicuas.
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